jueves, 19 de marzo de 2009

Gran Torino (2008), de Clint Eastwood

Soy de la opinión de que al cine americano le cuesta horrores expresar sentimientos, y cuando, además, lo hace Clinis, el intento resulta todavía si cabe más contenido. Le salió medianamente bien en Los puentes de Madison, gracias a la Streep, pero ahora naufraga. Al cine de Eastwood le cuadra menos el adjetivo sentimental que a inteligencia el militar.

Lo mejor, los guiños en forma de escupitajos a sus papeles en los espaguetis westerns y el diálogo en la barbería.

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