Venganza.Violencia.
Asesinatos.
Sangre.
Casualidades.
Venganza.
No la he visto recientemente, pero me ha venido a la cabeza tras repasar el debacle de los Coen casi desde Ladykillers, remake (¿porqué, por dios?) de la fantástica película de MacKendrick, genio de la Ealing, comedia de las de verdad.
Está mal el mundo del cine cuando se alaba a los Coen una película como esta. Me cuesta creer que los mismos que pensaron Barton Fink, Muerte entre las flores, Arizona Baby, Fargo, El gran Lebowski o El hombre que nunca estuvo allí, no pasen ahora de cumplir con la obligación de presentar una película al año. Por todas las pelis citadas, seguiré viéndoles, añorando épocas pasadas y mejores.
Uno de mis acontecimientos preferidos por excelencia es el encuentro con la peli anual con la que Woody nos premia a sus seguidores. En esta encuentra a Larry David como perfecto alter ego, pero, escrita desde hace tiempo, como dicen, yo hubiera preferido verla con él de protagonista.
Haneke es un director que me gusta, en su día me tuvo desconcertado su Caché, y esta peli venía con una aureola de obra maestra por la Palma de Oro. No me ha enganchado en las dos horas que ha durado, y eso que le reconozco que la fotografía es extraordinaria y la estética del blanco y negro, mi preferida. Pero poco más puedo decir que seguiré viendo el cine de Haneke porque, al menos, es diferente.